Homilias01
OFICINA DE LA CAUSA DE CANONIZACI”N
Las Misiones PDF Imprimir E-mail


Domingo de las Misiones

23 de Octubre de 1977


Lecturas:
Isaías 60, 1-6
Romanos 10, 9-18
Mateo 28, 16-20

MARCO DE LA HOMILIA

Hoy celebramos, queridos hermanos y estimados radioyentes, el Día Mundial de las Misiones. Vamos a sentirnos todos, pues, miembros vivos de un pueblo que ha recibido de Dios el encargo de llevar su luz a todos los hombres de la tierra. Pero, este pueblo de Dios se concreta en cada comunidad y vive en la historia concreta, su ambiente, y desde allí tiene que ser misionero. Por eso, aunque sea un poco prolijo, hago siempre un poco de la historia nuestra, del ambiente en que este pueblo de Dios que se llama la Arquidiócesis de San Salvador se mueve con sus preocupaciones, con sus problemas concretos.

Todos, por ejemplo, saben que ma√Īana es el D√≠a del Hospital. El arc√°ngel San Rafael, que se celebra el 24 de octubre su nombre significa "medicina de Dios" ha dado origen a esta hermosa tradici√≥n en El Salvador, de celebrar en su d√≠a el D√≠a del Hospital. Va pues, todo nuestro cari√Īo, nuestra comprensi√≥n, para los queridos enfermos de todos los hospitales y tambi√©n para los m√©dicos, enfermeros y dem√°s colaboradores, que deben de tener como centro de su vida el dolor humano en esos seres concretos de quienes Cristo dice: "Todo lo que hagan con ellos, conmigo lo hacen".

Tambi√©n tenemos que lamentar, que las huelgas, las manifestaciones en reclamos de derechos, no terminan. Son √≠ndice de un malestar profundo que la Iglesia viene denunciando y que los encargados del bien com√ļn tienen que apresurarse a buscar las causas en mutuo di√°logo con los interesados. La Iglesia tambi√©n ofrece generosamente sus luces, de una doctrina que arranca del evangelio y sin la cual tendremos siempre estos brotes de descontento. El mal es muy profundo en El Salvador; y si no se toma de lleno su curaci√≥n, siempre estaremos, como hemos dicho, cambiando de nombres, pero siempre el mismo mal. En este sentido, tambi√©n me han sentido, tambi√©n me han pedido informar que la ocupaci√≥n de tierras en Asacualpa no se puede arreglar, porque ha habido varios di√°logos, desde julio, agosto, septiembre y todav√≠a hoy en octubre; y a pesar de las promesas esperanzadoras con que terminan todos los di√°logos, siempre hay una retracci√≥n, hay un‚Ķ un consejo que impide llegar a un arreglo pac√≠fico. No quisi√©ramos que en Asacualpa se vaya a repetir la triste historia de Aguilares. Por eso, toca tambi√©n a las autoridades, a los competentes en la materia, resolver con justicia estas situaciones. S√© positivamente que los ocupan las tierras no son usurpadores. No quieren robarlas. Est√°n respetando la propiedad privada. Solamente quieren un entendimiento para poder tener d√≥nde sembrar y dar comida y alimento a sus familias. Yo no soy perito en la materia, lo he repetido, ni la Iglesia tiene como competencia decir qu√© es lo que se debe hacer. Pero s√≠, desde la luz del evangelio reclama a los competentes, a los que tienen la autoridad para urgir en los di√°logos, que sean justos y que resuelvan con justicia estos problemas que son tumores de malestar en nuestra patria.

Varias madres y esposas y familiares, se han acercado al Arzobispado preguntando si es cierto que viene una comisión investigadora de derechos humanos, y que cómo pueden hablar directamente con ellos. También aquí, pues, esperamos que si es cierto que viene una investigación, sea justa y que entre en diálogo directo con las personas interesadas. Hay tantos hogares que tienen tanto que decir.

Quiero denunciar, también, una encuesta tendenciosa de la Universidad; en nuestro semanario Orientación pueden ver un botón de muestra de cómo hay una filosofía -entre comillas- que no es tal amor a la ciencia, como es su etimología, sino una tendencia perversa a desacreditar la Iglesia, una encuesta que está orientando hacia un mayor odio y difamación contra nuestra Iglesia. Yo llamo tiempo la atención para que no se dejen guiar de esos pseudo científicos, ciegos que conducen a otros ciegos.

También, los días finales de septiembre (había olvidado informarles, porque no había recibido yo la información autorizada) se llevó a cabo una reunión de parte de la Iglesia, para analizar la Ley de FOCCO. Cuarenta y cuatro organizaciones de inspiración cristiana trabajan, ya sea en el campo católico o en el campo protestante, para promover a nuestro pueblo, principalmente al campesinado, y ven en la Ley de FOCCO un peligro de monopolio, una supresión de inspiración, para dar una sola ideología política a estas organizaciones a las que la Iglesia, como cualquier entidad e individuo, tiene derecho a organizarse (el derecho de organización, pues, es uno de los derechos humanos) sobre todo cuando ha recibido de Cristo el encargo de llevar su promoción evangélica a los sectores de nuestro pueblo. No quisiéramos lamentar, pues, una intromisión en los derechos de la santa Iglesia. Ya bastantes hemos lamentado. Por su parte, nuestra Iglesia, ésta que lleva el mensaje misionero a todas partes del mundo, trata de vivir y de organizarse mejor cada vez en nuestra Arquidiócesis.

Ante la despedida de Monse√Īor Rivera (el 5 de noviembre ir√° a tomar posesi√≥n de Santiago de Mar√≠a, a las 10 de la ma√Īana) ha habido que nombrar un vicario general, el que, junto con el obispo llevan el tim√≥n de la di√≥cesis en sus aspectos m√°s responsables. Ha sido nombrado por ahora Monse√Īor Ricardo Urioste, a quien los sacerdotes ya han reconocido, en todos aquellos problemas de jurisdicci√≥n de toda la di√≥cesis.

Haciendo un recorrido por nuestras vicarías, nos alegramos con la vicaría de la Asunción (se llama así todo aquel sector poniente de la capital) los párrocos, siguiendo consignas de la pastoral de la Arquidiócesis, han reunido, están reuniendo las fuerzas vivas de toda la vicaría, que en ese sector son admirables; muchos colegios, muchas instituciones que están trabajando sin conexión, con una pastoral conjunta. Gracias a Dios han sabido responder todos esos sectores; y esperamos que esas parroquias, donde la Iglesia tiene que llevar su mensaje auténtico de evangelio, encontrará muchos agentes de pastoral, en los sacerdotes, en los religiosos, religiosas y fieles, que tiene que ver que no son párrocos ni instituciones de un sector social, sino de la Iglesia y que tienen que estar en coordinación de ideología con el pastor y con toda la línea pastoral de la Arquidiócesis. Yo me alegro mucho y los felicito. Ojalá que estos encuentros vayan dando, pues, esa unidad de criterios en nuestra diócesis y no presentemos el espectáculo de dos Iglesias, porque no hay más que una Iglesia, la del evangelio de Cristo.

Por la vicar√≠a de Cuscatl√°n tuvimos la dicha de escuchar la voz de Monse√Īor Ch√°vez, como ustedes saben, arzobispo durante 38 a√Īos, que con un gesto de servicio y de humildad est√° llevando la parroquia de Suchitoto. Los p√°rrocos de aquella vicar√≠a se reunieron con √©l y compartieron ratos muy fervorosos que se escucharon tambi√©n por la radio. Quiero aprovechar esta oportunidad para presentar un nuevo testimonio de admiraci√≥n y cari√Īo a este querido antecesor. Tambi√©n en Cuscatl√°n, se prepara en Cojutepeque una convenci√≥n de Cristo Rey el pr√≥ximo domingo a las 3 de la tarde.

Por la vicaría de Chalatenango, también tenemos noticias muy interesantes de como va progresando, bajo la dirección de una vicaría episcopal, la pastoral de aquel departamento tan interesante. Unas de las cosas más bonitas de la vicaría en esta semana, ha sido su festival del maíz. Ayer y hoy se celebra al maíz. Y se ha promovido allá una industria muy interesante de productos del maíz, de tusas, de olotes, etc. Hemos visto ejemplares muy bellos, y vale la pena conocer y acuerpar esta industria, precisamente en San Antonio Los Ranchos de la vicaría de Chalatenango.

En mis visitas con motivo de la instalaci√≥n de nuevos p√°rrocos o de otros motivos pastorales, he tenido la felicidad de compartir momentos muy fraternales con las comunidades de Ayutuxtepeque, de Candelaria, de la Colonia Dolores, de la Colonia Luz; tambi√©n con una comunidad muy interesante de se√Īoras del mercado que en estos momentos est√°n llevando a cabo un curso de promoci√≥n. Yo me alegro mucho que este sector de las se√Īoras del mercado hayan encontrado ap√≥stoles espec√≠ficos para darles el verdadero valor divino de ese trabajo arduo, expuesto a tantas cosas, pero que es de tanto valor para nuestra sociedad: el mercado.

Quiero felicitar tambi√©n, y alegrarme mucho con el seminario. Esta semana los seminaristas de la Arquidi√≥cesis, de la Arquidi√≥cesis que estudian Filosof√≠a y Teolog√≠a, unidos con su obispo, evaluaron su formaci√≥n espiritual, intelectual, pastoral. Fue una tarde muy llena de esperanzas y les digo, queridos hermanos, como pueblo de Dios, que vale la pena impulsar la formaci√≥n de estos j√≥venes que ser√°n los sucesores de los actuales sacerdotes que con tanto trabajo llevan en esta hora dif√≠cil la pastoral de nuestra Arquidi√≥cesis. El seminario es una esperanza; porque, tambi√©n, quiero anunciarles con alegr√≠a, que la campa√Īa vocacional que va llevando el Padre Segura es todo un √©xito, y √©l mismo me lo ha dicho, no es m√©rito humano, aqu√≠ est√° una bendici√≥n de Dios a la hora actual de nuestra Arquidi√≥cesis. Ya tenemos apuntados nueve bachilleres, adem√°s de muchos que van a estudiar el bachillerato en el seminario menor. Se han tenido que rechazar o posponer la aceptaci√≥n de muchos j√≥venes que, ante esta situaci√≥n de la Iglesia, han dado una vez m√°s el testimonio de aquella frase inmortal de Tertuliano, la sangre de los m√°rtires es semilla de vocaciones, semilla de cristianismo, semilla de un florecimiento en la Iglesia. Los perseguidores de la Iglesia no saben el gran bien que le han hecho, reg√°ndola y haciendo florecer enormemente este despertar de nuestra Iglesia que se va a manifestar, especialmente, en vocaciones muy prometedoras.

Quiero agradecer también a los seglares que están trabajando para ayudar a la jerarquía a una organización más actual, más funcional del gobierno eclesiástico.

UN EVANGELIO CONCRETO

Hermanos, perdonen la prolongación de este noticiero, pero es que la Iglesia, al anunciar su palabra, no puede prescindir de este ambiente concreto. Si no, corremos el peligro de anunciar un evangelio etéreo, sin proyecciones a la historia y a la tierra. Y ahora, sí comprendemos en este ambiente difícil de la Arquidiócesis, lo que quiere decir el Domingo Mundial de las Misiones.

En las tres lecturas de hoy a encontrar los tres pensamientos que van a perfilar, ante nuestra mente, una vez m√°s esa figura que ya la he presentado varias veces, la Iglesia misionera.

LAS MISIONES


En primer lugar, ¬Ņqu√© son las misiones?. En el documento del Concilio Vaticano sobre las misiones, lo acaba de recordar el Papa en su mensaje al Domingo Mundial que estamos celebrando, se nos explica que las misiones propiamente son esa empresa por ir a evangelizar y a plantar la Iglesia de Cristo en aquellas comunidades y pueblos donde todav√≠a no ha llegado esta Iglesia a implantarse. Les repito, √©ste es el concepto de misiones, llevar la palabra del evangelio y organizar la Iglesia en aquellos pa√≠ses o comunidades que todav√≠a no tienen una Iglesia organizada.

Por eso, la Iglesia, en su gran trabajo de evangelizaci√≥n se divide en dos porciones: La Iglesia ya organizada; por ejemplo, El Salvador ya tiene sus cinco di√≥cesis, es una evangelizaci√≥n que ya ha logrado una organizaci√≥n. La instituci√≥n Iglesia ya se ve, se vive. Son cinco di√≥cesis. No hay territorios misionales en El Salvador. En cambio, aquellos territorios donde todav√≠a no se han organizado di√≥cesis, all√≠ se llaman territorios de misiones. En Centro Am√©rica, por ejemplo, tenemos, en Nicaragua y en Costa Rica, dos territorios que todav√≠a no tiene di√≥cesis; y en pa√≠ses lejanos, inmensos territorios donde los misioneros dependientes directamente de la Sagrada Congregaci√≥n para la Evangelizaci√≥n de los Pueblos. As√≠ se llama ese ministerio del Papa que le ayuda en esta tarea de llevar el evangelio a todo el mundo; se llama la Sagrada Congregaci√≥n para la Evangelizaci√≥n de los Pueblos. Un cardenal como perfecto y un conjunto de personal, misioneros, tanto en la Santa Sede como en los territorios de misiones, trabajan para organizar la Iglesia en esos pa√≠ses. Y hacia all√° se dirige nuestro pensamiento en esta ma√Īana, a esos territorios de misiones, donde hombres, mujeres, sacerdotes, religiosos, laicos est√°n tratando de llevar la noticia del evangelio y de organizar con una jerarqu√≠a propia, obispos propios, sacerdotes propios, una Iglesia, una instituci√≥n que contin√ļe anunciando el evangelio, como contin√ļa en el Salvador, a trav√©s de sus obispos ya organizados y sus parroquias, este mensaje de Cristo.

Esto son las misiones. Pero no es un invento de nuestro tiempo; la palabra de Dios hoy nos ilumina en sus tres lecturas; Isaías, siete siglos antes de Cristo, esa visión universalista del Reino de Dios; San Pablo a los romanos, diciéndonos que de nada sirve organizar la Iglesia en institución si no hay conversión de corazón en los que se llaman cristianos; y el evangelio de Cristo, San Mateo, que se acaba de leer, diciéndonos que existe un instrumento por él mismo que se llama la Iglesia para llevar a cabo tanto ese panorama universal del Reino de Dios, como la conversión íntima de cada corazón. Y estos son los tres aspectos de este domingo misionero que yo descubro a través de las lecturas de hoy.

1. VISION UNIVERSALISTA DEL REINO DE DIOS

Isaías, en primer lugar, nos presenta el bello panorama que hemos escuchado: las tinieblas cubren la tierra, la confusión reina en el mundo cuando Dios no ha brillado. Y así mira desde Jerusalén, no una luz que le viene de afuera, sino un Dios que se encarna en Jerusalén, hace de Jerusalén una luz que ilumina los senderos de la historia y del mundo. Y por esos caminos iluminados de Dios van llegando todos los pueblos, trayendo sus tributos para formar un solo reino, el Reino de Dios. Qué preciso poema, no inventando por un poeta, sino por la mente de Dios, que el crear hombres, razas, pueblos, no es para que se confundan en diversidad de idiomas que no se pueden entender, en diversidad social que margina a unos mientras otras están bien. Lo que Dios ha querido es hacer del mundo una gran fraternidad.

Pero, el mundo solo no lo alcanzar√°. En el mundo no hay m√°s que tinieblas y confusi√≥n. Basta mirar el ambiente de nuestra patria cuando se apaga la luz de Dios. ¬ŅQu√© queda?. Secuestros, odios, torturas, violencias y el panorama triste, cuando Dios no ha visitado a Jerusal√©n. Se puede decir de todos los pueblos cuando Dios tambi√©n los deja, porque los hombres no han sido dignos de √©l: todo se torna confusi√≥n, tinieblas, miedo, terror. Es necesario que Dios venga a iluminar. Y esta es la misi√≥n. Por eso se llama misi√≥n. Misi√≥n, palabra de origen latino, quiere decir env√≠o (mittere, enviar) porque es el env√≠o de Dios a su Hijo. Y cuando su hijo enviado ha redimido al mundo y le ha ense√Īado su doctrina y regresa al Padre, desde el Padre, Padre e Hijo env√≠an al Esp√≠ritu Santo.

De modo que la Iglesia es el producto de un doble env√≠o, una doble misi√≥n que se origina en el coraz√≥n de Dios, el env√≠o de su verbo hecho carne, Cristo nuestro redentor, que Dios lo ha querido cabeza de todo el g√©nero humano. "Cuando yo sea levantando en alto, la atraer√© todo hac√≠a m√≠" -dijo Cristo-. Y cuando Cristo ha terminado su labor con un peque√Īo grupo en la tierra santa, se va; pero les dice: "Os enviar√© el Esp√≠ritu, que os ense√Īar√° la verdad y os conducir√° por todos los caminos del mundo. As√≠ como mi Padre me envi√≥, as√≠ yo os env√≠o con la fuerza de mi Esp√≠ritu. Id pues, por todo el mundo, por todos los caminos, por todos los tiempos y ense√Īad a todos los hombres lo que yo os he ense√Īado, y ense√Īadlos a guardar tambi√©n los preceptos que yo os he ense√Īado. El que los acepte se salvar√°, y el que no los acepte se condenar√°". He aqu√≠ la gran misi√≥n: el enviado del Padre, el Hijo; el enviado del Padre y del Hijo, el Esp√≠ritu Santo; y la Iglesia, la enviada de Cristo. "As√≠ como mi Padre me envi√≥, yo os env√≠o misioneros, enviados".

¬ŅQu√© hace entonces el mundo? Comienza a sentir una luz como la que profetiz√≥ Isa√≠as. Ya no hay tinieblas. Aquellos pueblos que van aceptando esta luz de Cristo se van sintiendo hermanos. En el hermoso mensaje de Pablo VI sobre la evangelizaci√≥n de los pueblos en el mundo actual dice: unos hombres aceptan ese mensaje de Cristo, se unen en comunidad para vivirlo y desde su comunidad se sienten inquietos por llevar ese mismo mensaje a todos los dem√°s. Esta es la misi√≥n que estamos haciendo aqu√≠ en la Catedral, que se siente verdaderamente emocionante en esta hora llena de fieles venidos de tantas partes, de tantas comunidades parroquiales. Estamos evangeliz√°ndonos. En este momento, yo tengo la dicha de ser el misionero de esta comunidad; pero ustedes al recibir mi mensaje, no lo van a guardar ego√≠sticamente en su coraz√≥n, en su familia, en su comunidad. Yo s√© que de aqu√≠ surgen; y all√° est√°n oyendo por radio mi mensaje, muchas comunidades. Cuando yo termine de hablar, esas comunidades se ponen a analizar lo que yo he dicho, evangeliz√°ndose, profundizando el mensaje y tomando consignas para llevar esta misma luz a su cant√≥n, a sus hermanos.

Por eso duele a la Iglesia, hermanos, cuando encuentra obstáculos a esta luz, cuando se sospecha de su misión, cuando se la quiere confundir con misiones subversivas, revolucionarias. Lo que predicamos es la luz de Dios que los hombres necesitan. Lo subversivo, lo revolucionario, es apagar la luz de Dios, no dejar circular el mensaje de Cristo, el amor, y sembrar en cambio el odio, la violencia. Pero yo siento la alegría íntima de que la comunidad de la Arquidiócesis de evangeliza, recibe el envío del Hijo, del Espíritu Santo a través de su Iglesia que le sigue hablando.

Y entonces, hermanos, esta Iglesia que recibe esta luz de Dios no es s√≥lo pasiva. F√≠jense, qu√© hermosa la descripci√≥n que hace Isa√≠as: "Y vendr√°n: mira a tu alrededor, todos han venido, tus hijas tra√≠das en brazos, otras multitudes tra√≠das en dromedarios". Los antiguos medios de comunicaci√≥n, los que us√≥ San Pablo, los primeros cristianos, se han convertido hoy en los modernos medios de comunicaci√≥n. la radio, los aviones, los autom√≥viles, donde van los misioneros y de donde vienen de las misiones trayendo los dones de Madi√°n y de Ef√°, no solamente del Oriente como los magos adorando al ni√Īo Jes√ļs, sino de todos los pueblos de la tierra. Porque, hermanos, la Iglesia es bella, la Iglesia es el conjunto de sus di√≥cesis organizadas, y cada di√≥cesis aporta su valor individual, su valor aut√≥ctono. La Iglesia no mata iniciativas.

Les acabo de mencionar la fiesta del ma√≠z en San Antonio de Los Ranchos. Es una escena misionera, es la Iglesia que le dice a los sembradores de ma√≠z c√≥mo pueden aprovecharlo desde la luz del evangelio, c√≥mo pueden iluminar sus caminos de tristeza con la alegr√≠a de una fiesta que dan las tusas y los olotes de nuestra tierra. Y as√≠ en el Africa y en el Asia descubre los valores, a las culturas, y no las mata, como si fuera una colonizaci√≥n de esas que en la historia han acabado con los valores de los pueblos. La Iglesia no es una colonizadora. La Iglesia es una inspiradora de los valores que hay en todas las latitudes de la tierra. Y traen entonces, aportando en la ofrenda de la misa: "Recibe, Se√Īor, este pan y este vino, fruto de la tierra y del trabajo del hombre". He aqu√≠ que se valora, entonces, la mano que trabaja para ganarse la vida. Cuantas industrias, cu√°ntos valores veo yo en vuestras manos, queridos cat√≥licos, unos que trabajan la plata, otros que trabajan la madera, otros que labran la tierra, otros que amasan la harina para darnos de comer, otros que manejan las cosas que se venden en el mercado. Qu√© hermosa es la humanidad. Esto quiere el Se√Īor, que todas esas cosas sean tra√≠das en dromedarios, en los medios de comunicaci√≥n que tengan, para que en el altar el sacerdote los eleve a Dios en el signo del pan y el vino que, convertidos en cuerpo del Se√Īor, se hace divino el trabajo de la tierra. Esto hace la Iglesia: darle valor divino a los valores humanos, hacer traer del conjunto de di√≥cesis una armon√≠a que no la ha inventado ning√ļn otro imperio, s√≥lo el imperio de Dios.

Por eso, hermanos, es rid√≠culo que se sospeche de la Iglesia. Les repito aquella frase que les record√© el domingo pasado, que canta la Iglesia el d√≠a de la adoraci√≥n de los magos cuando Herodes, envidioso de que hubiera nacido otro rey, temeroso de que le iba a quitar su poder pol√≠tico, la Iglesia le canta: "No temas, Herodes, que no viene a quitarte poderes temporales el que viene a darte reinos eternos". Ha, si comprendieran los gobiernos que la Iglesia no viene en una especie de competencia pol√≠tica a quitarles sus campesinos, a quitarle su gente. De ninguna manera. Viene a inyectarle a su gente, a su poder pol√≠tico, a su poder sociol√≥gico, a todas sus t√©cnicas, no a quitarle sus competencias, sino darles un sentido cristiano para que sean m√°s justos, para que sean m√°s leales, para que sean m√°s nobles, para que sean mejores, tanto los gobernantes como los gobernados. Porque desde las entra√Īas del evangelio, la Iglesia predica la verdadera paz, la verdadera justicia, la que no se quiere oir; y se calumnia a la Iglesia -como se calumni√≥ a Cristo- no porque predicara la subversi√≥n, sino porque quer√≠a un orden m√°s justo, m√°s bueno. La Iglesia no hace otra cosa, pues, en sus misiones, que llevar el valor divino a todo lo humano.

2. CONVERSION DE CORAZON

Pero en la segunda lectura, San Pablo a los romanos les dice que de nada servir√≠a que predicaran si no se convierten los corazones. San Pablo escribe en el contexto en que se ha o√≠do la predicaci√≥n. Dir√≠amos, predica a la naci√≥n salvadore√Īa donde todos han o√≠do predicar. "Si acaso no han o√≠do" -dice San Pablo- "s√≠ que han o√≠do, si en todo el √°mbito se escucha la palabra del evangelio". Pero lo que pasa es que no quieren creer en su coraz√≥n. De ah√≠ que no basta la organizaci√≥n de estructuras exteriores, dice el documento de Medell√≠n. Mientras este continente no cuente con hombres nuevos no tendremos un orden nuevo. La necesidad de creer -dice San Pablo- porque s√≥lo la fe en Dios es la que salva. La liberaci√≥n que la Iglesia predica es a base de ese creer en Dios. La liberaci√≥n no la van a traer los hombres. Desenga√Ī√©monos. La liberaci√≥n solamente tiene que venir de Dios, pero contando con la conversi√≥n del coraz√≥n del hombre; y de nada sirve que Dios nos est√© ofreciendo su redenci√≥n, su liberaci√≥n, un mundo mejor, si los encargados de constru√≠r este mundo en la tierra no quieren colaborar con ese Dios.

Y aqu√≠ la necesidad del misionero. San Pablo la concluye en un argumento tan bello; "¬ŅC√≥mo van a creer si no hay quien les predique y como van a predicar si no hay quien les env√≠e?" La misi√≥n. La Iglesia cuenta con una constituci√≥n mucho m√°s s√≥lida que todas las constituciones de los estados. Las constituciones que rigen la vida de los pueblos han sido hechas por legisladores. Una asamblea constitutiva nos dio unas leyes, que muchas veces se cambian al antojo de los gobernantes. En cambio, esta constituci√≥n que Cristo dej√≥, en el momento solemne de despedirse de los hombres, visiblemente arranca de Dios: "Toda potestad se me ha dado en el cielo y en la tierra, y en nombre de esta potestad, vayan y prediquen esta conversi√≥n".

Hermanos, queridos hermanos protestantes, esta es la falla de ustedes. Los estimo mucho, porque se han acercado y me han expresado sentimientos de solidaridad; pero siento que ustedes no cuentan con esta misi√≥n que los cat√≥licos desde nuestros pastores sabemos que llevamos. Admiramos s√≠ su evangelio. El evangelio que ustedes predican es el mismo evangelio nuestro y por esto nos sentimos hermanos; pero quisi√©ramos, hermanos protestantes, que en vez de tanta sectas en nuestro ambiente predicando el verdadero cristianismo, hici√©ramos un esfuerzo por unirnos en la √ļnica misi√≥n que Cristo dej√≥, un solo reba√Īo y un solo pastor. No es que pretenda someter tantas sectas al dominio del catolicismo. Ya he dicho que la Iglesia no es un imperialismo. Pero s√≠, es una verdad que va a difundir su verdad en el mundo cuando el mundo vea que los cristianos somos una s√≥la cosa; y si hay estorbos para la evangelizaci√≥n del mundo, uno de los estorbos m√°s grandes lo estamos dando nosotros, queridos hermanos protestantes y ustedes cat√≥licos, que tienen tambi√©n divisiones. La divisi√≥n en la Iglesia, la divisi√≥n de las sectas protestantes, eso es lo que estorba a ese reinado de Cristo. Y por eso pedimos, y yo s√© que ustedes tambi√©n, queridos hermanos protestantes, piden aquella sublime oraci√≥n de Cristo: "Padre, que los que creen en m√≠ sean una sola cosa, para que el mundo crea que t√ļ me has enviado".

Y es entonces cuando habr√° conversi√≥n en la intimidad de cada coraz√≥n, cuando no profesemos un cristianismo interesado, y porque me interesa me mantengo en esta secta, y porque me interesa este modo de creer yo no acepto el aut√©ntico evangelio, me parece que es marxismo y lo que est√° predicando es justicia social, pero como no me conviene -yo digo- "El obispo no tiene raz√≥n, los padres tales son revolucionarios", y as√≠ estamos sembrando la divisi√≥n en vez de unirnos en la aut√©ntica y humilde conversi√≥n de coraz√≥n. Todos necesitamos convertirnos, yo que les estoy predicando el primero que necesito conversi√≥n, y le pido a Dios que me ilumine mis caminos para no decir ni hacer cosas que no sean de su voluntad, que debo de convertirme a lo que √©l quiere, que debo de decir lo que √©l quiere, no lo que conviene a ciertos sectores o me conviene a m√≠ si es contra la voluntad del Se√Īor; convertirnos a esa misi√≥n de Cristo: "Vayan por el mundo entero y prediquen √©sto que yo les he predicado; el que creyere √©sto se salvar√° y el que no creyere √©sto no se salvar√°". No hay m√°s salvaci√≥n que la que Cristo trajo; de ah√≠ la necesidad de convertirnos todos: cat√≥licos, protestantes, tambi√©n los ateos. Todos los que buscan salvaci√≥n no la encontrar√°n fuera de Dios.

3. MISION DE LA IGLESIA

Y finalmente, queridos hermanos -ya con todo el respeto que se merece la √ļltima lectura, el evangelio Cristo nuestro Se√Īor no ha hecho m√°s que poner el sello a √©sto que les estoy diciendo, constituir una Iglesia. La misi√≥n que Cristo trajo y despu√©s trajo el Esp√≠ritu Santo, vive hoy, en 1977, a pesar de que han pasado veinte siglos, gracias a la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo en la historia, como titul√© mi segunda carta pastoral. La Iglesia es el cuerpo de Cristo en la historia. La Iglesia es el env√≠o de Cristo y del Esp√≠ritu Santo a los hombres de cada tiempo. Y hoy queremos saber qu√© dir√≠a Cristo a los salvadore√Īos, ricos y pobres, gobernantes y gobernados. No tenemos que traer el evangelio literal de hace veinte siglos, sino el evangelio que la Iglesia, arrancando de aquel evangelio de Cristo, va aplicando a las circunstancias de cada tiempo. Fidelidad a ese evangelio, a esa misi√≥n, es la que constituye el cont√≠nuo quehacer de la misi√≥n de la Iglesia. La Iglesia es misionera. Como acaba de decir el Papa, no se trata de llevar el mensaje de Cristo a regiones cada vez m√°s extensas geogr√°ficamente, sino de empapar de evangelio de Cristo las culturas modernas, las industrias modernas, los hombres de hoy.

Anoche, en una bell√≠sima ceremonia, la graduaci√≥n de los bachilleres del tecnol√≥gico de los salesianos, llena la Iglesia de Mar√≠a Auxiliadora, yo les dec√≠a a los j√≥venes: "J√≥venes, la Iglesia no les va a arrebatar su cultura y su t√©cnica. Es la primera en respetar la autonom√≠a de todas las culturas y de todas las t√©cnicas. Pero s√≠ quisiera decirles, como mensaje de la Iglesia, que se glor√≠en no s√≥lo de su t√©cnica; que se glor√≠en de haberse educado en un colegio cat√≥lico, y que le den inspiraci√≥n cristiana a todo lo que ustedes van a hacer y valer en el mundo. Que no sean ya la vieja civilizaci√≥n del tanto vales cuanto tiene. El hombre hoy no vale por lo que tiene sino por lo que es. Y el hombre es en la medida que es cristiano, porque todo hombre se realiza en la medida en que se realiza seg√ļn el modelo del Hijo del hombre, Cristo nuestro Se√Īor. Y √©l dej√≥ esta Iglesia para que los hombres de todos los tiempos nos model√°ramos con √©l. Oyendo a la Iglesia, oigo a Cristo. Recibiendo la eucarist√≠a de un sacerdote, recibo a Cristo. Llevando el ni√Īo reci√©n nacido a un bautisterio para que me lo bautice un sacerdote, es Cristo que me lo bautiza. Escuchando la palabra de Dios transmitida hoy por los medios modernos de la radio, es Cristo el que sigue predicando.

Hermanos, qué hermosa es la Iglesia. Sigue llevando la misión que trajo la verdad y la vida de Dios a los hombres. Dichosos pues los que, como San Pablo ha dicho, creen de corazón; si crees, serás salvado. Queridos hermanos, esta es la reflexión que se me ocurre en el Día Mundial de las Misiones.

Ahora bien, formando esta Iglesia concreta; yo, su obispo; mis queridos colaboradores, los p√°rrocos de hoy en cada parroquia, ustedes, hombres y mujeres concretos que han venido a la misa de Catedral o que est√°n reflexionando all√° por la radio; nosotros somos la Iglesia de hoy. A nosotros se nos ha confiado llevar esta verdad y esta vida a los que no creen. Cu√°ntos tal vez en nuestra propia familia, en nuestra propio barrio, necesitan que seamos sus misioneros. Y a√ļn all√° en la vanguardia de las misiones, donde la Iglesia no est√° organizada, se necesita la colaboraci√≥n de nosotros. Por eso el D√≠a Mundial de las Misiones viene a decirles a los que ya tenemos la dicha de creer, que le demos gracias a Dios por tener ya esta luz, pero que tratemos de traducirla en nuestra vida, y que desde nuestra vida iluminemos con nuestra colaboraci√≥n a los pobres pueblos que todav√≠a no la han conocido. De all√≠ la necesidad de tener la mano como un mendigo.

Yo voy a tener el gusto de ser hoy un mendigo de las misiones para pedirles, sobre todo, oraci√≥n; porque es una empresa que consiste en convertir a los hombres a la fe en Cristo, es una empresa en que hay que pedir perseverancia para tantos h√©roes misioneros que deben de sentir desaliento en aquellos ambientes no cristianos. Ante todo, pues, oraci√≥n, sacrificio, que no se cansen de hacer oraci√≥n por los misioneros, por los infieles que todav√≠a no conocen a Cristo; y tambi√©n, hermanos, la mano tendida para pedir dinero. Ser√≠a un ultraje tender la mano para pedir limosna a un pueblo tan pobre como es el nuestro, pero yo no les pido los millones que podr√° dar Estados Unidos, les pido el centavito de la viuda, no tanto para que con ese dinero vayamos a resolver el problema, sino para expresar la solidaridad, para expresar el cari√Īo, mi gratitud que yo siento con Dios, que me ha dado la fe, y que quiero compartir mis peque√Īas ganancias con los misioneros que dan no un real, un medio, sino que dan su vida entera. Yo, que no puedo ir a las misiones -tal vez un hijo de la casa, tal vez un joven, una joven de la familia tiene vocaci√≥n misionera, aunque no sea para todo el tiempo, ofrecerse a un servicio de unos cinco o diez a√Īos: vocaciones. Tal vez ni eso puedo, entonces; pero s√≠ puedo desprenderme un poquito de la golosina de este d√≠a o de la necesidad tal vez. Si tanto lo necesitas que te quedar√≠as sin comer, no des; ofrece al Se√Īor tu buena voluntad. Pero s√≠ puedes, d√° algo.

Hermanos de la Catedral y de las comunidades que a trav√©s de la radio est√°n escuchando, es la hora de la colecta mundial. Nuestra Arquidi√≥cesis as√≠ como aporta sus valores aut√≥ctonos a la universal Iglesia, aporta hoy tambi√©n su dinero, su oraci√≥n, su sacrificio, para que esta empresa de implantar el Reino de Dios en otros pa√≠ses que todav√≠a no lo tienen sea una realidad. Ay√ļdemos pues a las misiones.